Me fascina la luna, pero las mejores noches son las de luna nueva. Sólo la luna puede empezar realmente de cero.
miércoles, 30 de octubre de 2013
lunes, 28 de octubre de 2013
lunes, 14 de octubre de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
Compás de espera
A veces esperar es un
acto de cobardía, el reflejo de una indecisión eternizada.
A veces esperar es
una decisión valiente, una apuesta con los ojos vendados ante la incertidumbre.
…aunque parezca una
apuesta perdida de antemano.
…aunque rabies por
dentro por hacer algo más que esperar.
…aunque la espera sea
tan larga que se diluya.
…aunque lo que llegue
no sea lo que esperabas.
...aunque la incertidumbre
parezca crecer ante tus ojos.
…aunque te entren
ganas de levantarte y echar a andar.
A veces arriesgarse a
parecer cobarde es lo más valiente que puedes hacer.
viernes, 3 de mayo de 2013
Temblando en calma
Todo está en calma.
Todo está bien.
Por fin siento otra vez el sol en mi rostro.
Por fin camino otra vez por las calles.
Todo va bien. Pero tengo un nudo de miedo.
Por fin siento otra vez el sol en mi rostro.
Por fin camino otra vez por las calles.
Todo va bien. Pero tengo un nudo de miedo.
Todo sigue como
siempre. Parece que nada ha cambiado.
Pero no puede ser, yo sé qué ya no es lo mismo,
Sé que tengo que negociar otra vez las reglas del juego.
Sé que tengo que aprender a desenvolverme de nuevo.
Pero no puede ser, yo sé qué ya no es lo mismo,
Sé que tengo que negociar otra vez las reglas del juego.
Sé que tengo que aprender a desenvolverme de nuevo.
Porque yo no soy la
misma, ya nunca podré serlo.
Ahora soy más fuerte. Ahora me sé más vulnerable.
He recompuesto mis pedazos rotos,
pero lo que forman no es exactamente lo que era.
Ahora soy más fuerte. Ahora me sé más vulnerable.
He recompuesto mis pedazos rotos,
pero lo que forman no es exactamente lo que era.
Sé que estoy bien. Sé
que puedo.
Sé que no hay peligro ahí donde lo veía.
Sé que volverán el oleaje y las zarandadas.
Ya no me preocupa volver a tener que levantarme.
Sé que no hay peligro ahí donde lo veía.
Sé que volverán el oleaje y las zarandadas.
Ya no me preocupa volver a tener que levantarme.
Todo está en calma.
Todo está bien.
Ahora soy más fuerte. Ahora me sé más vulnerable.
Sé que estoy bien. Sé que puedo.
Sólo querría que desapareciera este miedo.
Ahora soy más fuerte. Ahora me sé más vulnerable.
Sé que estoy bien. Sé que puedo.
Sólo querría que desapareciera este miedo.
El perdón
Hace ya un mes que escribí esta entrada y no me atreví a publicarla. Hoy me he decidido. Pienso que la base permanece, aunque algunas cosas son distintas o seguiría sin poder mostrárosla.
El perdón es algo muy
extraño. Tiene tantas implicaciones y recovecos que no me gusta pensar en él.
Prefiero avanzar a mi ritmo, sin poner nombre a lo que pienso o siento al
respecto, y desde luego sin ponerme meta a la cual llegar. …pero a veces la
palabra “perdón” salta delante de mí para que le haga caso.
Perdón, olvido,
rencor, consecuencias, cicatrices… ¿Cómo voy a olvidar el daño más profundo que
se me infligió? Es más, ¿cómo podría hacerme a mí misma algo así? Porque si lo
olvido sería como si todo mi sufrimiento hubiese sido en vano, como si nunca
hubiese pasado, como si mis heridas fuesen una debilidad mía y no consecuencia
de sus actos… pero en cierto modo mis heridas son mías, mi proceso es mío y mi
fortaleza ganada a costa de mil batallas estarán ahí aunque nadie más las vea.
Pero olvidar… sería dejarlos a merced suya, sería dejar de estar a alerta…
sería como si sus actos no tuvieran consecuencias… sería como darles la razón a
los que dicen que no fue tan grave y a los que dicen que no tiene por qué
volver a pasar…
¿Es eso guardar
rencor? Supongo que sí, porque una parte de mí no deja de clamar al cielo que
pague por lo que hizo, que no es justo que tenga nada bueno, que nada tiene que
poder redimirle… Y aunque el resto de mí piense que ya pasó, que fue
circunstancial, que ya pidió perdón… pese a eso, lo otro pesa demasiado.
Y pienso que tengo
derecho a liberarme de la carga de no poder odiarle pero tampoco perdonarle,
pero también pienso que tengo que liberarme de la obligación de perdonarle, que
no tengo por qué compartir mi vida con él más que en lo indispensable, que las
heridas fueron tan graves que su sombra todavía me persigue y si alguien me
roza me siento morir…
Me gustaría poder
culparle de todo lo malo que ha pasado en mi vida, de todas mis taras y mis
corazas, de todas las limitaciones que yo misma me he puesto intentando
sobrevivir… pero sé que eso tampoco es justo, que mis reacciones y mi forma de
sobrevivir son sólo cosa mía, por mucho que el daño que ocasionó esa respuesta
fuese cosa suya.
Y con tanto rencor en
el alma no puedo avanzar. Porque no puedo perdonarme a mí misma el no
perdonarle ni el ser débil. Porque no puedo perdonar a otros sin vincular en mi
interior todos los daños y las ofensas. ….porque me empeño en ponerle nombre a
lo que no lo tiene, me empeño en ponerle meta a un proceso largo e indefinido,
me empeño en saber lo que “debe” ser, me empeño en querer sentir algo que no
puedo o que al menos aún no puedo …me empeño en seguir aferrada a él y al
pasado a través del daño en vez de centrarme en mí y en el futuro y en todo lo
que merezco vivir.
Y no sé cómo hacerlo,
no tengo ni idea de cómo hacerlo, sólo sé que ahora estoy aquí… aunque tampoco
sea qué o cómo es aquí.
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